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UNA HABITACIÓN PROPIA

El Día Internacional de la Mujer, antes llamado Día de la Mujer Trabajadora, debido la decisión de la ONU de institucionalizarlo en 1975, conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. Se celebra el día 8 de marzo.

La primera celebración del Día Internacional de la Mujer tuvo lugar el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, y su conmemoración se ha venido extendiendo, desde entonces, a numerosos países.

En 1972 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 1975 Año Internacional de la Mujer 2​ y en 1977 3​invitó a todos los Estados a declarar, conforme a sus tradiciones históricas y costumbres nacionales, un día como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

En el día de la mujer, quiero hablar de Virginia Woolf, que siempre supo que una mujer necesita Una habitación propia.

Lo que  caracterizó la obra de Virginia Woolf y la convirtió en un de los grandes tesoros de la literatura fue la perseverancia de la propia autora en buscar un nuevo camino para la novela, alejándose y apartando el realismo imperante en ese momento, además del abandono de la convención de historia así como la tradicional descripción de los personajes.

Virginia Woolf nos revela en esta obra, básicamente, la evolución de su pensamiento feminista en relación con la literatura. El libro empieza planteándonos una pregunta: ¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? La respuesta la irá plasmando y argumentando a través de la exposición de situaciones diferentes, en ocasiones inventadas o supuestas, donde predominarán las mujeres. La conclusión final es que para que las mujeres escriban buenas novelas necesitan independencia económica y personal, es decir, una habitación propia.

Una habitación propia es una obra en la que Virginia Woolf reflexiona ampliamente sobre las mujeres y la literatura, dos temas que le apasionan. Para abordar este tema se plantea una serie de cuestiones. Una de ellas es destacar la directísima relación que existe entre la realidad y la literatura. Realmente, la literatura es o tendría que ser un reflejo directo y sin distorsiones de la realidad en que vivimos. Pero no es así del todo, según nos cuenta, ya que el mundo de la literatura está gobernado por hombres que imponen su punto de vista.

Aparece en el libro una imagen metafórica muy representativa que compara a la mujer con un espejo mágico que distorsiona la realidad a favor del hombre: la aparente inferioridad de la mujer hace que el hombre se crezca, viéndose más fuerte, inteligente y poderoso de lo que realmente es.

Según la autora, ¿con qué dificultades se encuentran tanto hombres como mujeres para escribir buenas obras? Con el tiempo, el espacio y la concentración. Si para los hombres ya era complicado adquirir la estabilidad mental adecuada, para las mujeres aún era mucho más difícil. No disponían de habitación propia, indispensable para respirar tranquilidad y poder concentrarse. Además, la mujer estaba obligada a superar algún que otro obstáculo más para poder ser escritora: la idea estereotipada y absurda de la sociedad de la época de que la mujer, aunque albergara mucho talento, no podía escribir una novela.

Uno de los personajes  más representativos del libro es Mary Beton, una chica corriente de clase media que tiene la suerte de poder disfrutar de dos circunstancias muy importantes para la supervivencia de una mujer en un mundo donde sólo hay cabida para hombres: el derecho a voto y el disponer de una herencia de quinientas libras al año durante toda su vida. Sin duda, lo que le pareció más importante fue la adquisición de unos ingresos dignos que le permitiesen olvidar el miedo y la amargura de los días en que había de vivir de la miseria que ganaba realizando trabajos que no la satisfacían, y que era lo único que a una mujer se le permitía llevar a cabo hasta 1918.

Después de polemizar acerca de los valores y de los puntos de vista masculinos y femeninos en la novela, Virginia Woolf nos plantea un esbozo ideal de un plano del alma en el que hay dos poderes: el masculino y el femenino. El estado ideal para escribir, dice, sería el de la fusión de ambos, donde los dos poderes puedan vivir juntos en armonía.

Todas las personas, hombres y mujeres, necesitan una habitación propia, entendida como un espacio físico y un tiempo propio   que les permita escuchar su propia voz y poder escribir no sólo una novela sino también su propia vida.

Mucha Luz y Verdad para todas las mujeres en su día.

 

 

Vilanova Saltó, Anna (2008), “Virginia Woolf. Una habitación propia “, Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona.

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/una-habitacion-propia